Cuando nacemos, por el simple hecho de haber estado en su interior e implícito en el nacimiento, se crea un vínculo que nos da sentido de pertenencia, como estrategia de supervivencia.
Ser padre es un acto de confianza.
Lo primero que los padres dan a los hijos es la vida. Con este acto de tan profunda realización le dan todo lo que tienen. No pueden ni agregar ni restar nada.
Reconocerlos, honrar sus destinos y amarlos con todo lo que ellos son; nos fortalecerá el corazón y nos liberará de implicaciones y lealtades familiares que hemos llevado inconscientemente.
Nuestra abundancia está ligada a nuestra capacidad de amor y agradecimiento incondicional. Se traducirá en nuestras vidas por nuestro amor y respeto a la madre y a las mujeres de todo nuestro sistema familiar.
Nuestra forma de relacionarnos íntimamente y nuestra sexualidad van inconscientemente ligadas a nuestros ancestros y sus experiencias, así como a nuestras propias experiencias anteriores que hemos dejado sin completar o reconocer plenamente.