Accesibilidad emocional entre padres e hijos

Accesibilidad emocional

María Martínez Calderón

Restableciendo las claves de acceso a la comunicación entre padres e hijos

¿Qué es la accesibilidad emocional?

La accesibilidad emocional es la capacidad de un adulto de estar disponible internamente para recibir la experiencia emocional del niño.

No se trata sólo de cuánto tiempo pasamos con nuestros hijos, ni de cuánto les enseñamos. Se trata de algo más sutil, más silencioso, pero profundamente determinante.

¿Puede mi hijo llegar emocionalmente a mí?

Cuando un niño siente que puede “llegar” a su madre o padre, el vínculo se vuelve un espacio de seguridad.  Cuando no lo siente, el niño lo intenta de otras maneras.

Un niño que grita, se enoja, no habla o se cierra no está simplemente “portándose mal”. Está intentando algo mucho más profundo:  ser sentido, visto, recibido. Si ese acceso no ocurre: Algunos niños intensifican (gritos, berrinches, impulsividad), otros se retraen (silencio, desconexión, apatía).

Ambas son respuestas a lo mismo: la dificultad de acceder emocionalmente al adulto.

La accesibilidad emocional no comienza cuando el niño nace. Se empieza a gestar mucho antes. Desde una perspectiva de memoria celular, el niño registra el clima emocional del embarazo, la disponibilidad afectiva de la madre y las experiencias tempranas de contacto o desconexión.  Estas vivencias no siempre quedan como recuerdos conscientes, pero sí como huellas emocionales en el cuerpo. El cuerpo recuerda el acceso… o su ausencia.

Un niño que ha sentido disponibilidad emocional temprana suele buscar contacto con confianza, expresar lo que siente, regularse con ayuda. En cambio, un niño que ha vivido desconexión puede: dudar en expresarse, intensificar para ser visto o directamente dejar de intentar. Esto no es elección consciente, es memoria celular vincular.

Aquí aparece un punto clave. Muchas veces, la dificultad de accesibilidad no está en la intención del adulto, sino en su propia historia. Un padre o madre que no fue escuchado, fue invalidado emocionalmente, tuvo que reprimir lo que sentía puede, sin darse cuenta, reproduce esa misma inaccesibilidad. No por falta de amor, sino porque repite un patrón emocional aprendido para sobrevivir

La buena noticia es que la accesibilidad emocional no es algo fijo. Se puede reconstruir.

Y ese proceso empieza en el adulto. Cuando un padre comienza a pausar antes de reaccionar, escuchar sin corregir, validar lo que el niño siente; no sólo cambia el vínculo actual, también comienza a transformar su propia memoria emocional. No se trata de hacerlo perfecto. Tal vez se trata de algo más simple y más profundo: estar disponibles.

Porque cuando un niño siente que puede llegar… no necesita gritar tan fuerte, ni cerrarse, ni alejarse tanto, ni encerrarse en las pantallas…

La disponibilidad emocional no es sólo una herramienta de crianza.

Es un lenguaje silencioso que el cuerpo reconoce.

Un puente invisible que se construye momento a momento y que también puede repararse.

Porque donde hay acceso el vínculo respira.

Y donde el vínculo respira el niño vuelve a abrir y reestablecer la comunicación de corazón a corazón.

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